El pasado 13 de marzo se cumplió un año del cierre de la frontera terrestre de la Unión Europea con Marruecos. Los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla quedaron clausurados a las 6:00 horas por motivo de la alerta sanitaria generada por la pandemia del coronavirus. 367 días después, la frontera continúa clausurada y sin visos de reabrir pronto.
De un día para otro, la frontera del Tarajal (Ceuta), uno de los más transitados de la Unión Europea, dejó de servir de paso a más de 3.000 vehículos y más de 10.000 personas al día. Lo mismo ocurrió con los pasos terrestres de Melilla. El impacto fue fuerte en ambos lados de la valla, paralizándose una parte importante de la economía diaria de ambas ciudades autónomas y dejando a decenas de miles de trabajadores marroquíes dependientes del comercio y la actividad económica transfronteriza sin fuente de ingresos.
El impacto del cierre de la frontera se tradujo en, por ejemplo, un descenso de la presión migratoria del 52% en Cueta y Melilla; una caída de la natalidad del 31% y el 48% en Ceuta y Melilla, respectivamente; o nuevos intentos por introducir droga desde Marruecos mediante drones o lanzamiento de fardos por la valla.
¿Y en Marruecos? Pese a los intentos de las autoridades del reino alauí por hacer ver que no había problema alguno, lo cierto es que la población de las zonas fronterizas lleva saliendo a protestar por la falta de ingresos y mostrando su desesperación por la situación desde hace semanas.
Está por ver aún cuándo se reabrirán los pasos fronterizos y en qué condiciones.


