Hace casi un año que la frontera europea entre España y Marruecos quedó cerrada a cal y canto como consecuencia de la emergencia sanitaria. De un día para otro, decenas de miles de personas que hasta entonces cruzaban a diario para trabajar o comerciar desde Marruecos a España dejaron de hacerlo y, con ello, se encontraron con una situación alarmante que pronto pasó a ser dramática.
El cierre de los pasos fronterizos terrestres de Ceuta y Melilla afectó a ambos lados de la línea divisoria. Las ciudades autónomas vieron cómo muchos trabajadores, entre ellos personal doméstico y de cuidados, quedaban bloqueados en el lado marroquí. El comercio y las transacciones también se vieron afectadas y el impacto económico en ambas ciudades rápidamente se hizo evidente.
Ya hemos destacado cómo el cierre de la frontera ha afectado a distintos factores fundamentales de las ciudades autónomas tales como, por ejemplo, la demografía –el índice de natalidad cayó en picado con el fin del tránsito entre Marruecos y España-. Pero tanto en Ceuta como en Melilla ha existido desde el principio una preocupación por el impacto social que tendría el cierre en las localidades fronterizas del lado marroquí, absolutamente dependientes de su condición de frontera en el ámbito social y económico.
Muchos ceutíes y melillenses con empleados residentes al otro lado de la frontera, conscientes de la gravedad de la situación, mantuvieron durante algún tiempo a sus trabajadores enviando dinero pese a que éstos no podían acudir a trabajar. Sin embargo, el malestar y la gravedad de la situación en estas poblaciones ha ido in crescendo.
La tarde/noche del pasado 5 de febrero se puso en evidencia esta situación en la localidad marroquí de Castillejos, donde cientos de personas se echaron a la calle en respuesta a una convocatoria de huelga que puso de manifiesto el hartazgo de una población que lleva casi un año sin posibilidad de ingresos y que reclama auxilio urgente.
Las imágenes de la protesta, que pudieron verse en redes sociales y de las que se hicieron eco distintos medios de comunicación, muestran una amplia concentración de marroquíes que terminan enfrentándose a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado desplegadas por Marruecos. Rabat, hasta ahora, había negado problemas en las ciudades fronterizas del lado marroquí y argumentaba que se estaba ocupando de minimizar el impacto que pudiera suponer el cierre de la frontera.
Sin embargo, lo visto en Castillejos evidencia que la situación es límite y el estallido social es un riesgo real. Mientras, la reapertura de la frontera sigue siendo una incógnita -hace unos días se confirmó una nueva prórroga que alarga al menos hasta el 28 de febrero su clausura- y, en cualquier caso, cuando ésta vuelva a abrirse no lo hará en las mismas condiciones que antes.
En este contexto, la reunión bilateral entre los gobiernos de Marruecos y España sigue sin fecha definida y cada vez son más las cuestiones a debatir que añaden tensión a dicho encuentro, motivo por el cual Rabat ha puesto en marcha una estrategia de influencia en medios de comunicación españoles para intentar presionar a Madrid.


