El 14 de enero, el general Marcos Llago, recién nombrado Comandante General de Ceuta, juró su cargo en el Salón de Actos de la Comandancia General, en un acto que contó con la presencia de su predecesor, el General Jefe del Mando de Canarias, Alejandro Escámez. Tras la jura de la Constitución, el aco más simbólico tuvo lugar en la Santa Iglesia Catedral, donde Llago recibió el aleo, el bastón de mando de los Gobernadores-Comandantes de la ciudad autónoma, de la mano del vicario de Ceuta, Francisco Fernández Alcedo. Tal y como marca la tradición, el nuevo Comandante General de Ceuta cumplió con el juramento y declaró: “Prometo defender esta plaza y mantenerla fiel a España y a su majestad el Rey».
Posteriormente, se trasladó al Santuario de Nuestra Señora de África para ofrecer el bastón a la Patrona de la ciudad, la Virgen de África, al tiempo que recibió el apoyo de la Cofradía.
El origen del aleo, de tan solo 240 gramos de masa y 85 cm de longitud, se remonta a la conquista de la plaza de Ceuta por parte de los portugueses. Según la tradición, en 1415, tras la invasión lusa, el Gobernador del nuevo territorio de la Corona de Portugal, Pedro de Meneses, afirmó que “con este palo me basto para defender a Ceuta de sus enemigos”, en respuesta al rey Juan I de Portugal, quien le había preguntado cómo defendería Ceuta. Se refería al aleo, al que portaba en una mano a modo de bastón de mando.
Pero, ante la amenaza de la peste de 1651, el Gobernador de la ciudad se encomendó a la Virgen de África, ofreciéndole su bastón de mando, y la enfermedad no cruzó el Estrecho. Desde ese momento, los Comandantes Generales de Ceuta solo portan el aleo durante unos minutos de su toma de posesión para después ofrecérselo a la Patrona.



