Jordi Cañas, el europarlamentario de Ciudadanos que impulsó la condena del Parlamento Europeo sobre el asalto a la frontera de Ceuta, habló en una entrevista publicada recientemente sobre lo que costó sacar adelante la iniciativa.
Cañas considera que la declaración aporta una sensación de mayor solidaridad y seguridad a los habitantes de las ciudades autónomas. Sin embargo, cree que aún hay mucho trabajo por delante para garantizar una situación más estable en la frontera.
Con ese objetivo, el eurodiputado se muestra a favor de establecer un plan de ayuda económica para paliar las grandes presiones que Rabat ejerce sobre Ceuta y Melilla. También considera importante el papel que puede tener el despliegue de unidades de Frontex, no sólo para aumentar la seguridad física de la frontera si no para combatir el desconocimiento sobre la europeidad de la frontera. Cañas insiste en la realidad de que es la frontera europea y como tal Bruselas se tiene que preocupar de defenderla.
Por otro lado, lo más llamativo de la entrevista son sus declaraciones sobre las presiones “del Gobierno marroquí, de sus embajadas y de los lobbies marroquíes” que sufrió durante el proceso de presentación y resolución de la condena del Parlamento Europeo. «No sabe las presiones que vivimos», explica el eurodiputado.
Según relata, estos actores usaban diferentes técnicas para presionar a otros eurodiputados e intentar que la resolución, primero, no se presentase y, despues, no fuera aprobada o, al menos, se le cambiase el título. Finalmente, a pesar de todo, el proyecto salió adelante.
Los esfuerzo de Marruecos y su entorno finalmente sirvieron para poco. Como es sabido, el Parlamento Europeo se pronunció con severidad, especialmente en su valoración sobre el uso de menores, muchos de ellos sin acompañar, en lo que resultó una táctica para añadir aún más presión a Ceuta por la complejidad que supone el proceso de repatriación de menores.
Con todo, se condenó a Rabat por utilizar «el control fronterizo y la migración, especialmente de menores no acompañados, como presión política contra un Estado miembro de la UE». Por primera vez en décadas, la Unión Eeuropea apoyó firmemente el control de la frontera española, recuerda Cañas con orgullo.


