El pasado 10 de junio, el Parlamento Europeo aprobó por primera vez en 25 años una resolución condenando a Marruecos por abusos de derechos humanos al usar a miles de menores como instrumento de presión política contra España en el asalto a la frontera de Ceuta de los días 17 y 18 de mayo. La resolución deja cuatro mensajes:
- Las fronteras españolas son europeas.
- El uso de menores como arma es inaceptable.
- La posición sobre el Sáhara Occidental de la Unión Europea es firme, no reconoce la soberanía marroquí y apuesta por una negociación bajo el marco de Naciones Unidas.
- La UE desea tender puentes con Marruecos, Estado al que considera un socio necesario.
La resolución ha sido una iniciativa de Jordi Cañas, eurodiputado de Ciudadanos, para evitar que la solidaridad europea se quedase en simples declaraciones y mensajes públicos. La condena ha sido aprobada con amplia mayoría en la sesión plenaria celebrada en Estrasburgo: 397 eurodiputados votaron a favor, 85 en contra y 196 se abstuvieron.
Los principales grupos políticos de la Eurocámara (Partido Popular, Socialdemócratas, Verdes y Renew) apoyaron mayoritariamente la resolución y los partidos españoles votaron a favor en bloque, con la excepción de Vox, que se abstuvo. Su grupo político, los Conservadores y Reformistas, había presentado una enmienda, al igual que el de la Izquierda Unitaria. Ninguna salió adelante, pues la resolución y su lenguaje tuvieron que ser negociados minuciosamente para alcanzar un consenso.
El asalto a Ceuta ha terminado por resultar un claro error de cálculo por parte de Marruecos. El reino alauí había criticado que España estuviese europeizando lo que según ellos era un problema bilateral, pero parece que en esto Rabat ha fracasado, pues sus acciones han provocado que la Unión Europea -incluida Francia, tradicional aliado de Marruecos- se alinee sin fisuras con España.
Posiblemente consciente de su error, Marruecos había activado una campaña diplomática para evitar que la resolución europea saliese adelante. Los embajadores de Marruecos se habían dirigido personalmente a políticos y eurodiputados europeos para pedir su voto en contra o, por lo menos, para moderar el lenguaje. La resolución del Parlamento Europeo no es vinculante, pero tiene un gran significado político que se añade al reciente “enfriamiento” del apoyo estadounidense a Marruecos.
El enfado e irritación de Marruecos es patente, no sólo en sus maniobras diplomáticas y las reacciones de sus líderes, sino también en la creciente agresividad de sus comunicaciones con Europa. Rabat llevaba días amenazando a Europa con represalias tales como cortar la cooperación si aprobaba la resolución y Habib el Malki, presidente de la Cámara de Repsentantes, marroquí, ha respondido a la resolución reafirmando que Ceuta no es española ni europea, sino parte del territorio de Marruecos y que la presencia española se debe al legado colonial. De especial relevancia es el Acuerdo de Pesca con la UE, sobre el que Marruecos podría actuar, especialmente tras la inminente sentencia del TJUE, que podría agravar la crisis. Por otra parte, Rabat está buscando el apoyo de los parlamentos de la Liga Árabe y la Unión Africana.


