La grave crisis que se ha desatado en Ceuta tiene varias vertientes paralelas. Por un lado, la crisis migratoria más inmediata, que ya parece solventada; por otro, la crisis diplomática, que está muy lejos de resolverse y probablemente empeore a medio y largo plazo conforme Marruecos, alentado por sus éxitos internacionales en el reconomiento de sus aspiraciones sobre el Sáhara Occidental, aumente la intensidad de sus acciones y su agresividad hacia España.
A corto plazo, sin embargo, con la crisis migratoria aparentemente resuelta por la decisión marroquí de cortar el flujo de migrantes, España se enfrenta a una grave crisis humanitaria por la situación de alrededor de 1.500 menores de edad marroquíes que han cruzado la frontera.
Lo ocurrido en las últimas horas ha vuelto a poner de manifiesto que Marruecos no tiene reparo alguno en usar a su población como arma y como munición prescindible para conseguir sus objetivos políticos. No es algo nuevo ni debería sorprender a las autoridades españolas, especialmente teniendo en cuenta la experiencia de la Marcha Verde contra el Sáhara Occidental español en 1975. Sin embargo, el desprecio del Gobierno marroquí hacia su propia población y su irresponsabilidad han alcanzado nuevas cotas impensables en los últimos días con el uso de niños y familias desperadas a las que las autoridades marroquíes han engañado y alentado para que asalten la frontera.
Cabe recordar que Mohammed VI mantiene a su población, especialmente en la zona del Rif, en unas condiciones de miseria y abandono que son las que les empujan a emigrar a Europa. El Gobierno marroquí tampoco ha mostrado interés alguno por revertir estas condiciones socioeconómicas, sino más bien lo contrario, empeorando la situación de sus ciudadanos en poblaciones como Castillejos con medidas como el cierre fronterizo unilateral de la frontera comercial con Ceuta y Melilla, que ha supuesto que decenas de miles de trabajadores transfronterizos marroquíes pierdan el sustento que se ganaban en las ciudades españolas.
El mayor escándalo humanitario actual es la situación inédita que se está viviendo con los menores, muchos de ellos simples niños. Cientos de ellos llevan 72 horas en territorio español custodiados por unas autoridades desbordadas. Las devoluciones en caliente de alrededor de 5.600 migrantes han aflojado la presión sobre Ceuta, pero el problema de los menores, a los que es más difícil devolver a Marruecos, sigue siendo acuciante. La situación adquiere mayor gravedad cuando se descubre que la mayoría de estos niños no querían emigrar y que hay cientos de familias buscándolos desesperadamente.
Cientos de menores habrían sido deliberadamente engañados por las autoridades marroquíes para así empujarles al ‘juego’ y la ‘aventura’ de entrar en España. Entre otras cosas, se les habría dicho a los menores que Cristiano Ronaldo estaba jugando en Ceuta e incluso las autoridades marroquíes habrían fletado buses para llevar a los niños a la frontera.
Las autoridades españolas se encuentran ante un problema de compleja solución, con el riesgo de que el proceso de devolución se alargue por trámites burocráticos y por la dificultad de identificar a los menores a la vez que las familias reclaman a sus hijos. Mientras la crisis humanitaria se resuelve, y al margen de la respuesta del Gobierno español y de la crisis diplomática, las acciones inmorales de Rabat ya están perjudicando internacionalmente a su imagen. Por otra parte, Francia y la Unión Europa sí se han alineado con España, algo importante considerando el papel histórico de Francia como valedor de Marruecos y su apoyo a Rabat durante la crisis de Perejil.


