La situación en las poblaciones marroquíes fronterizas con España no es buena. Si hace un mes se evidenció con una manifestación en la que cientos de personas se llegaron a enfrentar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad marroquíes, el escenario no parece haber cambiado mucho. Por cuarto viernes consecutio, la población marroquí de Castillejos (Fnideq para Marruecos), evidenció de nuevo el malestar social derivado por los efecto de la clausura del paso fronterizo con Ceuta y los efectos que dicho bloqueo está teniendo en la población
El Gobierno marroquí ha intentando calmar a la población con el anuncio de contratos para que la población local afectada trabaje en industrias textiles. Sin embargo, como han puesto de manifiesto algunos medios de comunicación, la población ha vuelto a salir a la calle para pedir la «apertura de la Diwana».
Se trata de unas localidades absolutamente dependientes de su condición de frontera y de la economía que el paso fronterizo terrestre facilitaba, no sólo con el denominado «comercio atípico», con el que Marruecos está intentando terminar desde antes de la irrupción de la pandemia, sino con todos los sectores económicos en dependencia de actividades como los servicios y la asistencia doméstica.
Aunque a diferencia de lo que ocurrió el pasado 5 de febrero, el pasado día 26 no se produjeron choques entre los manifestantes y las fuerzas del orden marroquíes. Sin embargo, ante la situación de tensión social, el consejo de la región de Tánger-Tetuán-Al Hoceima abordará la cuestión en su próxima sesión del mes de marzo. No en vano, el pasado viernes se confirmó qe la frontera permanecerá cerrada, al menos, hasta finales de este mes.


