El profesor de Relaciones Internacionales Luis Simón plantea que España debe reforzar su capacidad de disuasión frente a posibles formas de coerción sin convertir a Marruecos en un adversario permanente. En un análisis publicado por Política Exterior, defiende una estrategia que combine firmeza y cooperación, pero estableciendo una prioridad clara: garantizar primero la capacidad española para proteger sus intereses y preservar su libertad de acción.
Simón sostiene que la seguridad de Ceuta no puede analizarse de manera aislada ni reducirse exclusivamente a la acumulación de capacidades militares sobre el terreno. A su juicio, Ceuta, Melilla y Canarias forman parte de un espacio geopolítico más amplio vinculado al flanco sur de España y al control y seguridad del Estrecho de Gibraltar.
Disuasión frente a diferentes formas de presión
El investigador distingue entre dos dimensiones de la disuasión. Por un lado, la disuasión por negación, basada en vigilancia, inteligencia, control fronterizo, presencia militar, capacidad de refuerzo y superioridad aérea y marítima. Por otro, la disuasión por castigo, que busca que cualquier intento de ejercer coerción pueda generar costes superiores a los beneficios esperados.
Este segundo planteamiento adquiere especial relevancia, según Simón, porque las posibles presiones sobre Ceuta y Melilla no tienen por qué adoptar la forma de una acción militar convencional. El autor menciona escenarios como la instrumentalización de los movimientos migratorios, la presión económica o diplomática, las campañas de información o los incidentes fronterizos. Al mismo tiempo, advierte de que identificar estas vulnerabilidades no implica atribuir automáticamente al Gobierno marroquí la responsabilidad de cada episodio de tensión.
En este contexto, Simón considera que mantener un balance militar favorable frente a Marruecos constituye una condición de fondo para la estrategia española, aunque insiste en que la respuesta debe incorporar también instrumentos diplomáticos, económicos, financieros, políticos e institucionales.
Cooperar con Marruecos sin generar dependencia
El análisis rechaza plantear la relación hispano-marroquí únicamente en términos de confrontación. España y Marruecos mantienen importantes intereses compartidos en ámbitos como el comercio, la lucha antiterrorista, la migración, la energía, las comunicaciones o la estabilidad del Mediterráneo occidental.
Para Simón, disuasión y cooperación son, por tanto, compatibles, pero cumplen funciones diferentes. La primera debe garantizar que España pueda defender sus intereses fundamentales; la segunda debe permitir gestionar una relación vecinal compleja y desarrollar los ámbitos en los que existen intereses comunes. “La finalidad de la disuasión no es sustituir la cooperación, sino impedir que esta se convierta en dependencia”, resume el investigador.
Argelia, la Unión Europea y Estados Unidos
El artículo amplía el análisis al conjunto del Magreb y plantea la conveniencia de que España preserve distintas opciones regionales. Simón considera relevante reforzar la relación con Argelia, no como una alianza dirigida contra Marruecos, sino como una forma de ampliar el margen de maniobra español. También propone favorecer una mayor interlocución entre Bruselas y Argel.
El autor dedica igualmente atención a la relación con Estados Unidos. A su juicio, activos españoles como Rota y Morón, la posición en el Estrecho, las capacidades aeronavales, la infraestructura logística o la industria de defensa permiten a España aportar un valor estratégico relevante a Washington. Por ello, considera prioritario profundizar esta relación y transformar esa utilidad estratégica en mayor capacidad de influencia.
Simón concluye que la seguridad de Ceuta y Melilla debe integrarse en una estrategia más amplia que combine capacidad militar, instrumentos de disuasión, cooperación con Marruecos, autonomía en el Magreb, una mayor dimensión europea y una relación estratégica sólida con Estados Unidos. Su tesis central es que España no necesita elegir entre cooperar con Rabat y estar preparada para afrontar posibles presiones, sino desarrollar ambas dimensiones desde una posición que preserve su autonomía.
Luis Simón es profesor de Relaciones Internacionales en la Vrije Universiteit Brussel e investigador principal del Real Instituto Elcano. El artículo constituye un adelanto del próximo número de Política Exterior (n.º 234).
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