Según anunció el Ministerio de Hacienda en el Foro Extraordinario de Economía y Política Regional el 28 de diciembre, la Ciudad Autónoma de Melilla recibirá 17 millones del Fondo REACT-EU, cuyo objetivo es reactivar la economía tras el impacto de la pandemia y fortalecer el Estado del Bienestar.
En el reparto de estos fondos se han tenido en cuenta tres indicadores. El más importante de todos, con un peso equivalente a 2/3 del reparto total, está dirigido a medir el impacto de la pandemia en la riqueza de cada autonomía. El segundo, con 2/9 de la asignación, su impacto en el desempleo; y el tercero, equivalente a 1/9 del total, el impacto específico de la pandemia en el desempleo juvenil (de 15 a 24 años) de cada uno de los territorios.
La crisis que vive Melilla es resultado de un complejo cúmulo de decisiones, intereses, políticas, condiciones geográficas, sociales y económicas, entre los que destaca el fin del comercio legal y paralegal con Marruecos y la voluntad de Rabat de ajustar el funcionamiento de la frontera al estricto marco turístico.
Pero también el creciente aislamiento que han ido generando distintas medidas económicas establecidas en los últimos tiempos; medidas que se plantearon como incentivos o soluciones coyunturales pero que, en conjunto, han supuesto un grave hándicap para la economía melillense estructural, convirtiéndola en una economía aislada, con grandes dificultades de acceso a mercados e incapaz de hacer valer sus argumentos económicos.
Por último, la organización institucional especial de la ciudad arroja una serie de incapacidades para facilitar procesos de transformación y de modernización necesarios para convertir esta situación de grave crisis en una oportunidad para resolver de forma definitiva la problemática que arrastra Melilla desde hace tiempo.
Jaime Bustillo Gálvez, economista experto en planificación estratégica y ex viceconsejero de Comercio, Transporte y Turismo de Melilla, analiza la situación de la ciudad en el informe Ceuta y Melilla o cómo convertir una grave crisis en la mejor de las oportunidades y, entre otras cuestiones, identifica una serie de debates públicos que, en su propuesta, debería abordar un Plan Estratégico de Melilla:
- Transporte Marítimo y Aéreo (OSP/CSP). Ineficiencias. Inversiones.
- Presión trasfronteriza: cuánta es sostenible.
- Aislamiento comercial y empresarial.
- Comercio online.
- Central eléctrica contaminante en el centro de la ciudad.
- Impacto en las ciudades de los proyectos económicos de Marruecos en el entorno (TángerMed, polos de desarrollo, etcétera).
- Conveniencia o no de pertenecer a la Unión Aduanera.
- Gestión de la diversidad cultural.
- Existencia de una economía de monocultivo: una mercancía y un solo cliente.
- Ciudad desconocida y con mala reputación.
- Inexistencia de una política y acuerdos comerciales para Melilla.
- Competencias clave dispersas en el aparato del Estado. Legislación petrificada.
- Mercado de trabajo y plus de residencia.
- Limitación en suministro industrial de agua y energía eléctrica.
- Incapacidad de reducción de las bolsas de paro sin cualificación / Importación de mano de obra marroquí y peninsular.
- Elevadísimo porcentaje de la economía que se nutre de fondos públicos.
- Mercado de trabajo fragmentado. Empleados públicos con elevados sueldos (plus de residencia y bonificaciones fiscales), frente a trabajadores locales del sector privado que sufren, además, de una fuerte competencia de trabajadores trasfronterizos.
- Fortísima presencia de actividades irregulares e informales en la ciudad (chapuzas, reparaciones, empleadas de hogar… ejercidas por marroquíes sin permiso de trabajo).
- Distorsiones producidas por los grandes flujos de efectivo originado en esta economía informal y, en ocasiones, ilegal.


