La concesión del Premio María de Eza 2026 a Sony Vashdev Lalwani ha sido recibida con satisfacción en distintos ámbitos de la sociedad ceutí. El jurado ha reconocido su trayectoria profesional, su implicación en el tejido empresarial y su defensa del empoderamiento femenino, en un momento en el que el liderazgo de la mujer sigue siendo un reto pendiente, especialmente en determinados ámbitos del sector privado.
Diversos medios locales han recogido tanto el fallo como las reacciones posteriores. La comunidad hindú de Ceuta ha celebrado el reconocimiento como un motivo de orgullo colectivo, subrayando la importancia de visibilizar referentes femeninos vinculados a la diversidad cultural de la ciudad. En paralelo, la propia premiada ha señalado que, aunque se han producido avances, todavía es necesario impulsar un cambio de mentalidad en determinados entornos profesionales para consolidar una igualdad real de oportunidades.
El Premio María de Eza, promovido por la Ciudad Autónoma, distingue cada año a mujeres cuya labor haya contribuido de manera significativa al progreso social, cultural o económico de Ceuta. En este caso, el reconocimiento se vincula no solo a la trayectoria empresarial de Vashdev, sino también a su participación activa en iniciativas orientadas a fortalecer el papel de la mujer en la vida pública y económica.
Más allá del ámbito estrictamente personal, este galardón conecta con una cuestión de fondo que el Observatorio de Ceuta y Melilla viene subrayando en sus análisis: la necesidad de activar todo el potencial humano de ambas ciudades para avanzar hacia un modelo económico más dinámico y diversificado. La promoción del talento femenino, el apoyo al emprendimiento y la generación de referentes son elementos clave en ese proceso.
En ciudades como Ceuta y Melilla, donde el reto demográfico, el desempleo juvenil y la dependencia del sector público siguen marcando la agenda, fortalecer el liderazgo femenino y la iniciativa privada no es solo una cuestión de equidad, sino también de estrategia de desarrollo. Reconocimientos como el Premio María de Eza contribuyen a visibilizar ese camino y a consolidar una narrativa basada en la autoestima, el talento y la proyección de futuro.



